DÍA 1 · VENECIA

Llegamos a mediodía al aeropuerto de Mestre, allí consultamos las posibilidades de alquilar un coche para el viaje, pero al ver que los precios de todas las compañías suponían el doble de lo que habíamos visto en la web, preferimos mirar otras opciones.

Un autobús nos llevó hasta la estación de Mestre, a unos 20 min del aeropuerto. La impresión de esa parte de la ciudad gris, en invierno y con niebla, era más deprimente que bucólica.

Habíamos hecho la reserva del hostal cerca de la zona donde nos dejó el autobús, pero nos fiamos de una mala indicación y acabamos caminando dos kilómetros en dirección opuesta, mientras descubríamos el lado “feo” de la ciudad, que no estaba orientado a los turistas de paso.

Al darnos cuenta del error retrocedimos y encontramos un panorama más agradable al otro lado de la estación de tren. Ya localizado el hostal, buscamos un restaurante y todo parecía desierto, finalmente dimos con uno, después de haber dado unas vueltas, mientras recordábamos que en España lo difícil es no encontrar un bar en cada esquina.

Ya en el hotel consultamos por internet las opciones de alquilar el coche, decidimos contratar uno vía web que salía por 200€, pero al acercarnos a la oficina de la misma compañía para añadir el seguro a todo riesgo, sospechosamente el total sumado coincidía con las cifras que nos dieron en el aeropuerto. Lo dejamos por imposible y aceptamos.

Con todo, se acababa el día y empezaba a anochecer, así que nos dirigimos a Venecia. llegamos ya de noche, pero eso no impidió que nos llevásemos un buen paseo por la ciudad. De noche la iluminación y los escaparates despertaban los sentidos.

Para mí era la segunda vez en la ciudad y mi impresión después de unos cuantos años es que, si bien no ha perdido el encanto y la hermosa decadencia de las fachadas, ha crecido la cantidad de marcas empeñadas en colocar su escaparate en una ciudad tan llamativa, y la identidad de la ciudad pelea con la de las marcas que quieren hacerse lo más vistosas posibles, cosa que no es difícil con el marco incomparable que lo rodea, pero no parece suficiente, aún tiene que haber más color, más luz, más lujo. Por un lado me dejaba fascinar y por otro lado extrañaba la antigua Venecia.

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