Despertamos en el hotel con el canto del muhaicin a las 5 de la mañana.

Damos un paseo por el teatro y alrededores.

Junto al teatro grande hay un anfiteatro muy coqueto con un pequeño museo con objetos y prendas tradicionales que nos recordaron mucho a los trajes de las monk vietnamitas y mi debilidad, los mosaicos.

Después nos acercó en coche; hasta la ciudadela el más mayor de los que trabajan en el hotel, un personaje muy característico, que estuvo años trabajando fuera de Jordania y confesaba ser cristiano, le preguntamos si eso le daba problemas y respondió que ninguno, sólo que no tiene iglesia para rezar.

En la ciudadela también había un museo arqueológico, un tanto estrambótico pero con piezas bastante curiosas.

Más tarde nos dirigimos caminando a la mezquita azul jordana que nada tiene que ver con la de Estambul.

Para poder entrar me piden que me vista de forma apropiada, tienen un vestidor con vestidos completos para estos casos, la sensación no pudo ser más extraña.

Me impactó tanto que no quise hacer fotos dentro de la mezquita, simplemente me quedé pensando en la sensación de estar ahí dentro, en un lugar de culto de una religión que siempre me ha infundido mucho respeto, e intentando comprender algunas piezas del puzle que nunca nadie ha resuelto, no iba a ser yo la primera.

Frente a la mezquita, para nuestra sorpresa había una iglesia cristiana.

Y cerca de ésta una tienda de productos cristianos, centrados básicamente en la figura de la virgen y papá noel, una estupenda abstracción.

Después regresamos andando y parando en todos los escaparates curiosos que veíamos, desde tiendas de productos de laboratorio o medicina, con esqueletos y órganos humanos de plástico…

…o el local de un tipógrafo que nos invitó a entrar y me acabó convenciendo para que le pidiese mi nombre en caligrafía árabe en la libreta, de 50 jordanos que pedía por ello bajó hasta 10.

Mientras regresábamos comenzó a llover así que nos refugiamos en una tetería allí estuvimos un buen rato conversando sobre lo divino y lo mundano. Sin darnos cuenta ya hacía tiempo que había dejado de llover así que seguimos bajando, nos paramos en una tienda de dulces árabes que acabamos tomando en el hall del hotel junto a un té tan ricamente.

Después de descansar un poco en el hotel dimos otro paseo ya de noche, nos dirigimos al mercado que ya estaba recogiendo en la mayoría de los puestos y nos impresionó el buen aspecto de todas las frutas y verduras, nos llevamos una granada rojísima, que nos envolvieron en una bolsa que pensaba era de basura pero es que aquí la bolsa de asas normal es de color negro. En el otro lado de la calle vinos a oscuras el ninfeo que estaba con la verja de entrada cerrada, nos asomamos para mirar las columnas y en ese momento se acerca por detrás el guarda que nos abre amablemente las puertas para verlo de cerca incluso nos acompaña y nos explica lo que sabe del uso de las dependencias. A media visita alguien le llama desde la entrada con bastante tono de enfado así que le decimos que ya nos vamos intentando ocasionar el menor daño posible. Ya de vuelta en el hotel tomamos una cena muy frugal y a la cama de nuevo, no nos dan las fuerzas para más.

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