Alquilamos un coche para desplazarnos por Jordania.
La ciudad de Aman es un completo caos especialmente en cuanto al tráfico, por eso los del alquiler del coche se ofrecieron a acercarnos al extrarradio de la ciudad para desde allí continuar nosotros. La persona que nos llevaba hasta ese punto volvería en taxi, éste nos dejó en una calle principal, pero muy saturada de tráfico. El que habíamos alquilado era un coche automático, primera vez para J. y con un tráfico denso, nada más incorporarse a la circulación, y sin haber podido practicar un poco, quiso frenar y pisó el freno como si fuese el embrague, resultado la primera colisión de su experiencia como conductor.

La amabilidad de los jordanos y la pasividad de la policía de hizo patente, no hubo ningún drama, el coche que chocó por detrás con nosotros y responsable legal del accidente comprendió la situación, los dos coches estaban asegurados, sólo que la policía tardaba una e eternidad en llegar, así que el responsable de la compañía de alquiler que se acercó nos dio las llaves del coche que llevaba para sustituirlo por el nuestro.
Así que continuamos el trayecto por la King’s Way camino de Petra.

El paisaje de esa carretera merecía mucho la pena, espacios amplios, montañas de texturas sorprendentes…

Por el camino paramos a visitar un castillo templario, al entrar un hombre mayor con su turbante jordano y usando un bastón de apoyo se animó a darnos una visita guiada por todas las estancias con un enérgico y perfecto inglés, le daba a la visita el ritmo más acelerado del que era capaz, para así captar al mayor número de turistas posibles. De las curiosidades y anécdotas que nos contaba nos creíamos la mitad.

Después de la visita buscamos un lugar para comer que fuese de fiar, pero finalmente nos convencieron para entrar en un lugar pensado para turistas con comida de buffet. Realmente estaba sabrosa y bien cocinada, pero casi se nos atraganta al ver la cuenta.

En el resto del camino se puso el sol rápidamente así que no pudimos disfrutar de las vistas, como era un camino lleno de curvas, y creo que algo del buffet no estaba en buen estado, comencé a sentirme mal de estómago y hasta llegar a Petra fue una verdadera tortura, las curvas hacían más difícil contener el vómito, y cuando nos quedaban pocos kilómetros nos perdimos, gracias a que un maestro de una ciudad en la que paramos a preguntar se prestó a subir con nostros al coche indicándonos un atajo para llegar a otra ciudad desde la que acceder al desvío y, cómo no, el atajo tenía más curvas aún.

Cuando llegamos a la ciudad contigua a Petra nos quedamos en el primer hotel de la lista que encontramos, era de los lujosos pero con tal de aparcar y descansar de un viaje tan largo nos pareció buena idea. El resto de la noche me la pasé pegada al retrete hasta que no quedó en mi estómago ningún recuerdo de la comida anterior.

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